SOBRE MÍ
De Freskito al mundo (y volví)
«Como canta Carlos Ares donde uno siempre vuelve donde cogí el acento»
Nací sin duda en un sitio mágico, entre el mar y las montañas, en mi casa cuerdas, mosquetones y montaña formaban parte del día a día. Pero no fue hasta 1997, con 17 años y un empujón (cariñoso) de mi hermano Raúl, que me colgué por primera vez de una roca en la playa de les Arenetes, el mítico Freskito para los locales.
Allí, mientras él bailaba por la pared, yo intentaba conectar mis primeros pasos. Cuando acabamos, me soltó una frase que me marcó:
“Ves a Xavi (nuestro hermano) y pídele unos gatos y una bolsa de magnesio.”
Era como si me hubiera pasado la antorcha de la escalada antes de irse a vivir Ecuador. Yo, por supuesto, la cogí.
Cinco años más tarde, encadené mi primer 8a. La escalada ya no era solo un deporte. Era una manera de vivir y convivir.
Triatlón, huesos rotos y una travesía a nado con sabor a revancha
Todo iba sobre ruedas… hasta que en 2009, una caída me regaló una fractura abierta de tobillo. El diagnóstico fue claro:
“Olvídate de correr.”
Y mi cabeza respondió:
“Ya veremos.”
Tocaba reconstruirse tirando de mi núcleo duro, me puse a estudiar y a nadar. Tanto, que antes de marcharme a Brasil por un tiempo, me lancé (literalmente) a un reto que llevaba tiempo flotando en mi mente: nadar desde la Cala del Tangó (Jávea) hasta la escollera sur del puerto de Dénia.
Tiempo: 3h 11’ 26”
Sabor: inolvidable.
Volví de Brasil con un solo objetivo: terminar lo que empecé. Completé un medio Ironman y 2ª por equipos en el triatlón de casa, cerré esta etapa con una sonrisa. La llama del triatlón se fue apagando… y otra empezó a arder gracias a Gema.
El reencuentro con la roca (spoiler: ya no la solté)
En 2010 volví a escalar. En 2013 me apunté a un curso con Eva López, y desde entonces no he parado de formarme. En 2014 empecé como Técnico Deportivo. Escalé en lugares increíbles como Montrebei, Cavallers, Riglos, Benasque, El Turbón, Collegats, Pico de Colomina, Ordesa, Picos de Europa y la clásica Pedriza en la zona centro. Qué manera de escalar!!!
Tenía la suerte de cara, ya en 2015 empecé a trabajar como guía con Rock and Sun, viajando por España, Francia y Tailandia.
Aprendí el oficio con grandes personas. Y lo disfruté como un niño.
Hasta que, en 2020, todo se paró. O mejor dicho… todo empezó.
Serpa Climbing: mi forma de compartir escalada
Durante el confinamiento nació Serpa Climbing, mi proyecto más personal. Y también nacieron otros retos: encadené mis vías y bloques más duros (8b+/c y 8a), y unos meses después… nació Nora, nuestra hija. Qué momento.
Sí, fue una época intensa. Y justo entonces me llamaron del hospital: tocaba pasar por quirófano por tercera vez. Una cirugía para recuperar la funcionalidad de mi tobillo.
Pañales y muletas. Interesante.
Innovar desde la experiencia
En 2018 había empezado el Técnico Superior de Escalada, pero lo dejé en pausa por motivos familiares. En 2023 lo retomé y lo terminé con un proyecto que une ciencia y escalada:
Un sistema innovador para medir la fuerza de los dedos y controlar la fatiga, inspirado en dinamómetros de mano.
Siempre he sido del pensar que la escalda tiene la mezcla perfecta entre experiencia y sabiduría.
Enseñar es devolver
Desde 2021 formo parte del claustro de la EVAM (Escuela Valenciana de Alta Montaña), compartiendo experiencias y ciencia.
Enseñar es mi forma de dar las gracias a todo lo que este deporte me ha dado.
Mi filosofía
- Perseverancia: porque “a veces” escalar es caerse cien veces para subir una.
- Tolerancia a la frustración: si no duele un poco, no estás creciendo.
- Redefinir los objetivos: porque a veces la ruta buena es la que no habías visto.
Hoy entreno, escalo y guío a personas que quieren disfrutar, mejorar y crecer.
Y lo hago con la certeza de que el progreso real es buscar la motivación desde dentro y disfrutar del camino, porque como dice Manu Chao – Todo llegará…-
Si has llegado hasta aquí, probablemente compartimos esa forma de mirar la vida.